Aterrizamos en el Reino de Arabia Saudí

Antes de comenzar el artículo, permitidme lanzar una disculpa por el retraso del mismo. Como comprenderéis, al llegar a un país en el que todo es diferente hay que buscar el momento adecuado para comentar la jugada como es debido. Pues bien, ¡vamos a ello!

7 de septiembre, Aeroport del Prat. Me despido de quien más quiero hasta que llegue diciembre, un momento que se resume con una mezcla de tristeza y esperanza, pero empañado con un sentimiento de fondo que te dice: “sube de una vez al puñetero avión”. Una semana más tarde de lo previsto por fin llega el momento de dirigirse a mi nuevo hogar a corto o medio plazo, Arabia Saudí. Después de dos trasbordos aterrizamos en el Abha International Airport donde nos espera un taxi a mí y a mis nuevos compañeros. Y por fin llegamos al destino final, la ciudad de Muhayil, en la provincia de Asir.

Vista nocturna de la ciudad de Muhayil, en la provincia de Asir, Arabia Saudí.
Vista nocturna de la ciudad de Muhayil, en la provincia de Asir, Arabia Saudí.

Hace calor, demasiado para poder dormir placenteramente, pero hay una sorpresa (que por otra parte era de esperar) en la habitación. Un potente aparato de aire acondicionado que estará presente durante toda la vida en este país. Después de casi 24 horas de viaje estamos muy cansados, son las cinco de la mañana y toca ir a dormir, pero no sin antes darnos cuenta a lo grande de dónde hemos llegado a parar. De repente comienza a oírse un cántico que en Europa consideraríamos “oriental”, con un aire tétrico, que anuncia la hora del rezo. Por lo menos 20 minutos escuchando cánticos hasta que por fin se hace el silencio y podemos dormir. Ya os contaré experiencias en este aspecto más adelante…

Después de dormir cuatro horas las ganas de conocerlo todo se hacen insoportables, hay que salir a la calle y ver la realidad del lugar. Lo primero es una ola de calor que te impide salir a la calle, algo así como estar bajo el sol un día de verano a la hora de comer. Ya me lo habían contado así, o sea que no me sorprendió en absoluto. Así es como se explica que cuando sales a la calle ves que los saudíes van vestidos con trajes totalmente blancos, solamente coloridos por un turbante que les cubre todo el pelo y cae por la espalda. En cambio, TODAS las mujeres van de negro y tapadas por completo. Ni he visto ni tendré la oportunidad de verle la cara a una mujer saudí. Las únicas mujeres que muestran su rostro son las extranjeras, y solamente en centros comerciales o lugares privados. Nunca en la calle.

En el compound Bluvan, el lugar donde vivimos los occidentales que trabajamos en Muhayil.
En el compound Bluvan, el lugar donde vivimos los occidentales que trabajamos en Muhayil.

La verdad es que después de casi una semana aquí tengo ya muchas experiencias que contar, pero iremos poco a poco. Este país tiene fama de ser el más aburrido del mundo y no me gustaría quedarme sin historias que contar, así que reservaré algunas para más adelante. De momento hoy acabaré con esta foto curiosa. Un camello en la parte trasera del coche que disfruta del trayecto bajo el calor del sol. ¡Estas cosas solo se ven en Arabia Saudí!

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