Abha

Muhayil se nos quedaba pequeño y había que hacer algo nuevo durante el fin de semana. ¿La única opción factible? Pasar el día en Abha. Factible pero terriblemente aventurera. No por la ciudad, pero sí por la forma de llegar a ella. La carretera que une Abha con Muhayil es probablemente la más peligrosa del país, y no quedaba más remedio que recorrerla si queríamos llegar a nuestro destino.

La carretera de Abha a Muhayil es una de las más peligrosas y con mayor densidad de circulación del país.
La carretera de Abha a Muhayil es una de las más peligrosas y con mayor densidad de circulación del país.

Aunque casi toda la carretera tiene línea continua, los coches adelantan por donde les da la gana. Por la derecha o por la izquierda. ¿Viene un camión en dirección contraria? Adelanta, ya se apartará. Incluso vimos un accidente de un coche que adelantaba arriesgando demasiado, lo que le costó un parachoques nuevo y unas cuantas ralladuras en el lateral. Para conducir bien por estas carreteras tienes que ponerte en la piel de los saudíes y comprarte un coche con un motor potente para poder adelantar en pocos segundos. Y si puede ser un Toyota mejor aún, así tienes el mismo coche que el 90% de la gente.

Por el camino nos encontramos con unos curiosos mirones, unos monos bastante feos que esperan cualquier pedazo de comida que pudiera salir por las ventanillas. Se ponen en fila encima de las protecciones de la carretera y solo bajan si hay un botín que recoger.

Estos monos salvajes esperan en el arcén de la carretera a que alguien les tire comida desde el coche.
Estos monos salvajes esperan en el arcén de la carretera a que alguien les tire comida desde el coche.

Abha es una ciudad de 200.000 habitantes, capital de la provincia de Asir. Lo primero que hicimos fue ir a un centro comercial, pero estaban todas las tiendas cerradas debido a que faltaba más de media hora para que terminara el rezo. Hacía buen tiempo y no nos importaba esperar, pero decidimos volver a subir al coche y pensar dónde comer. Fuimos al hotel más lujoso de la ciudad, un cuatro estrellas que tenía un restaurante giratorio en la azotea. La comida estaba deliciosa, humus, canelones, pollo y cordero asado, y lo mejor de todo… ¡los postres! Una cantidad interminable de tartas y pastelitos que hasta daba pena destruir de lo bonito que estaban decorados.

Una muestra de la gran cantidad de dulces que se pueden encontrar en Arabia Saudí.
Una muestra de la gran cantidad de dulces que se pueden encontrar en Arabia Saudí.

Por la tarde fuimos a otro centro comercial y nos pasó algo que nos sorprendió (y que a su vez sabíamos que podía pasar). Nos estábamos tomando un café en una zona de ocio y de repente se acercó uno de la Muttawa, la policía religiosa que se ocupa de que todo el mundo siga las reglas musulmanas. Nos dijo que no podíamos estar allí, que esa era la zona reservada para las familias. No nos quedó más remedio que ir a la zona de hombres y tomarnos el café tranquilamente sin una sola mujer a la vista. Cerca de las cuatro de la tarde volvía a tocar rezo, media hora con todos los comercios cerrados y sin nada que hacer en el lugar, solo la curiosidad de ver algunos hombres en la calle con sus mantas en el suelo para hacer los deberes con el Corán. De nuevo, estas cosas solo se ven en Arabia Saudí

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