¡Prohibido copiar!

Los comentarios más abundantes que encuentras si te pones a investigar por internet sobre la vida en Arabia Saudí son, dejando a un lado el tema relacionado con la vestimenta de las mujeres, lo aburrido que es vivir aquí. Pues bien, yo llevo aquí más de tres meses y la verdad es que aburrimiento bien poco. Hace más de un mes que no actualizo el blog y no ha sido por falta de ganas, pero sí por falta de tiempo. Tener una tarde para escribir pero con demasiadas cosas en mente no sirve. Una vez liquidados algunos asuntos, y después de disfrutar de esta magnífica fotografía de uno de mis vecinos, ¡continuemos con el blog!

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En el Mondragón Muhayil Asir College of Excellence estamos de lleno en la semana de exámenes previa a las vacaciones de Navidad. No os asustéis, no vamos a poner ni árboles navideños ni un Papá Noel colgado de un balcón, algo que seguramente nos acercaría más a un calabozo que a otra cosa. Aquí los símbolos religiosos que se alejen del Islam están totalmente prohibidos, y aunque la Muttawa (policía religiosa) nunca nos ha visitado, no vamos a arriesgarnos a tener que cerrar el chiringuito.

¿Recordáis que hace unos seis meses estaba trabajando en los Países Bajos? Una de mis funciones era la de profesor ayudante, y en concreto una vez me tocó ir de vigilante durante un examen. Por mucho que lo intenté, no vi ningún intento de copiar. ¡Los estudiantes holandeses no copian! Y yo que tenía ganas de romper algún examen… Pues bien, ahora que estoy a miles de kilómetros me encuentro con la situación opuesta. Los estudiantes saudíes sí copian, y no veas cómo copian…

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Es algo patológico, algo que llevan dentro, algo que parece se ven obligados a hacer. Es darles el examen y comenzar a oír susurros a veces imperceptibles, algo imposible de descifrar especialmente porque hablan en árabe. Miradas aquí y allá y movimientos sigilosos que quizá no captarían ni los detectores de movimiento que hay instalados en el museo del Louvre. Y no os perdáis su elemento estrella: el teléfono móvil. Tanto da si el examen es de matemáticas o de inglés, ellos siempre sacan el teléfono e intentan contactar con el vecino vía whatsapp. O si no, utilizan la calculadora incorporada para resolver operaciones y problemas.

Pero ahora viene lo emocionante. Es entrar en la clase, repartir los exámenes, y mi nivel de adrenalina se multiplica por diez. Hay que estar alerta, observar todos los detalles. Si te esfuerzas, los cazas. Y si la evidencia es exagerada, les quitas el examen y los echas fuera de clase. La satisfacción del trabajo bien hecho te envuelve. Quizá creen que nosotros nunca hemos hecho exámenes, que no sabemos de qué va la cosa, que no fuimos estudiantes en su momento.

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Lo curioso es encontrarte cosas como lo de la imagen anterior, una división perfecta. Pretenden que nos creamos que han sido capaces de calcular ese número kilométrico sin haber usado la calculadora que tienen en el móvil. Y todo ello sabiendo que la lección donde les explicamos lo que significan los números decimales no llega hasta enero…

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