A la luz de la luna

Para escribir en un blog hay que querer, poder y no caer en el intento. En las últimas semanas he querido pero no he podido, y ante la posibilidad de caer en el intento, he decidido no hacerlo hasta hoy. ¿Por qué hoy? El volumen de trabajo global es significativamente inferior al de hace unos días, y por lo tanto dispongo de tiempo suficiente para escribir con cierta tranquilidad.

La gente cambia de hábitos, y a mi me ha tocado últimamente con el deporte. En mi vida me hubiera imaginado esto, y es que llevo tres semanas saliendo a correr tres cuartos de hora cada dos días. Yo mismo lo considero fascinante, y más si tenemos en cuenta que siempre había sido un niño de sofá y Bollicao que odiaba hacer deporte. La gente cambia, ¿verdad? Y en algunos casos para bien.

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No sé si ha sido por aburrimiento o por la irritación que me provoca ver día a día que no van a terminar nunca la piscina que nos han prometido, pero la realidad es la que es. Sobre las siete de la tarde, bien sea solo o con algún compañero, salgo del compound y me adentro en las calles de Muhayil. Es raro el día que no me encuentro con algún alumno del college que ha salido a dar vueltas con el coche sin ningún otro objetivo que el de pasar el tiempo. Te gritan desde lejos: “¡¡Teacheeeeeeer, Salaaaamalicum!!”.

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Atardecer en Muhayil.

La verdad es que me encanta oírlos. Es sorprendente la excelente relación que los western (europeos mayoritariamente) tenemos con nuestros alumnos. Les caemos fenomenal, se divierten e incluso quieren pasar rato con nosotros cuando podrían estar jugando al futbolín en la cafetería. Evidentemente, esta devoción baja cuando comienzas a hablar de matemáticas, aunque entiendo que en ese momento intervienen factores que están fuera de nuestro alcance.

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Vista nocturna panorámica de Muhayil, desde una de las montañas que rodean la ciudad.

Pero volvamos al tema de hoy. Salgo a correr y descubro la realidad de esta sociedad: la vida se desarrolla de noche. En cuando se va el sol la ciudad cobra vida, los niños juegan a fútbol por donde pueden, las mujeres salen a la calle para ir de compras al centro comercial, e incluso el imam de la mezquita parece que llama al rezo con más pasión. ¿Y qué hacemos nosotros? Lo que hay que hacer para sobrevivir aquí, nada más y nada menos que adaptarse y acostumbrarse a un país nocturno. Hace demasiado calor de día para estar bajo el sol, es mejor esperar y hacer vida… como diría algún poeta… a la luz de la luna. Mañana más.

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