La porquería ajena también perjudica

Si antes de venir aquí me lo dicen, no me lo creo. Son cosas más o menos simples pero curiosas. Subir a pie hasta la cima de un volcán, comer camello como el que en España come cordero, vivir en convivencia con termitas, pagar nueve céntimos de euro por un litro de gasolina, estar rodeado de gente con la que solamente puedo comunicarme chapurreando árabe, salir a la calle y no ver ninguna mujer, y lo que voy a explicar hoy… cambiar una vez al mes la rueda del coche porque hay un pinchazo.

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Nunca antes lo había hecho, creo que ni siquiera lo había visto hacer. Podía suponer cómo era el mecanismo para cambiar una rueda por la de repuesto, pero ponerlo en práctica parecía otra historia. Pues bien, ya lo he tenido que hacer cuatro veces desde que soy conductor en este país. Para ser sincero, me lo imaginaba más complicado. Es simple, aflojas un poco los tornillos, subes el coche con el gato, quitas los tornillos, cambias una rueda por otra, vuelves a poner de nuevo los tornillos, bajas el coche y finalmente aprietas los tornillos para que aguanten bien la rueda. Llevas la vieja al taller, te ponen un parche por dos euros y listos. ¿Qué es todo esto para un hombre hecho y derecho como yo? 🙂

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La culpa de todo esto es de los saudíes, que no tienen una visión global de su entorno y solo piensan en el bien individual e inmediato. Cuando van en coche lo tiran absolutamente todo por la ventanilla. He visto lanzar colillas, botellas, envoltorios e incluso una revista. Alguien me ha dicho que hasta pañales usados. El único remedio que ponen las autoridades a esta auténtica guarrería es contratar pakistaníes para que estén recogiendo basura por las calles. Visten con un mono azul y los ves continuamente agachándose para meter desperdicios en bolsas gigantes que vete tú a saber dónde acaban.

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Y si tienes la mala suerte de pasar por encima de trozos de cristal, clavos o artículos puntiagudos varios, te toca ver como el coche se inclina hasta que tienes que parar y cambiar la rueda. Esta última vez fue al salir de casa por la mañana y vi que una de ellas no tenía aire: ¨¿¿otra vez??¨. Por suerte era sábado y no había que ir a trabajar, no había prisas. Luego se trata de sudar un rato y ya está, asunto resuelto. Podemos lanzarnos de nuevo a esa gran aventura que es conducir por las carreteras de Arabia Saudí. Seguramente hasta que el mes que viene volvamos otra vez con la misma historia…

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